martes, 6 de abril de 2021

7. Corazón



Se le salía el corazón por la boca en ese momento. Sabía que la estaban enfocando y no acertaba qué cara poner. Lo había ensayado frente al espejo pero no parecía estar sirviendo para mucho. Lo que sí debía de advertirse era la felicidad incontenible que sentía.

Habían sido muchos años, desde que tenía uso de razón con ese deseo. Después llegó el proceso académico y los números, esos que siempre había aborrecido, resultaron ser determinantes. El 6,23 como nota de acceso a la universidad no había suficiente y tuvo que matricularse en Ciencias Políticas porque no tenía mucha más opción. Fue una temporada difícil, de contradicciones e inseguridades. Por un lado daba sus primeros pasos hacia la etapa adulta, en una gran ciudad, con nuevos amigos y un mundo lleno de posibilidades. Pero por otro la frustración la angustiaba, cada vez que tenía que enfrentarse a sus apuntes o ir a unas clases en las que no encontraba motivación.  

La decisión no fue fácil. Romper con los lazos de libertad y de independencia la dejó profundamente deprimida. Pero retrocedió, volvió a casa y empleó un año en prepararse la selectividad de nuevo. Esta vez la nota si le permitió entrar en Comunicación Audiovisual, las cifras jugaron a su favor y comenzó la aventura.

Después de la carrera y varios pinitos en productoras, haber podido rodar ese corto había sido un sueño para ella. Buscar financiación, encontrar a los actores que encarnasen a los personajes que tenía en su mente, y conseguir el resultado final fue el premio para ella.

La música retumbaba en sus oídos, y de fondo escuchó una voz:

-          ¡Mamen, eres tú, han dicho tu nombre! ¡Has ganado, has ganado!!!! ¡Te quiero cariño!!- Le decía su madre mientras le abrazaba devolviéndola a la realidad.

Se levantó conteniendo la emoción y cogiéndose la cola del vestido que llevaba para la ocasión. Ya en el escenario recogió la estatuilla mirando al público, y sonriendo inspiró, llenándose los pulmones de aire para dar el oportuno discurso.



martes, 23 de marzo de 2021

6. Orgasmo




 

Creyó que se había hecho pis. O que estaba a punto de hacerlo porque la sensación le resultó parecida. Y no, después cayó en la cuenta que había tenido un orgasmo.

Raúl era un chaval guapo y con mucho gancho, y eso le había hecho perder la cabeza desde la primera vez que se fijó en él. Pasados unos meses desde que era más que público que Ana bebía los vientos por él empezaron a salir.

Y llegó el primer beso. Después más besos robados en el momento de la despedida. Pero la cosa iba en aumento. Cada vez eran más los ratos que buscaban sitios oscuros para permanecer pegados el máximo tiempo posible, caricias, juegos de manos y roces intencionados.

Ana se sentía feliz. Era lo que siempre había idealizado desde que oyó la palabra amor. Cómo tocar el cielo muy cerca de la tierra. Lo que no se le pasó por la cabeza fue que hubiera un final.

 

Caía la media tarde de un día en el que no había tenido noticias de Raúl. Se sentía inquieta y, cómo no tenía teléfono en casa, bajó a la plaza a llamarle desde una cabina. Su madre descolgó al otro lado de la línea justo cuando ella lo vio aparecer doblando la esquina, no iba solo.

-          ¿Dígame? ¿sí, sí?- se oía de fondo.

Su acompañante era morena y la peor pesadilla de Ana desde hacía unos días que había aparecido en las fiestas del pueblo. Dejó el auricular caer y sin pensar se encaminó hacia ellos. Raúl no se percató de su presencia hasta que la tuvo encima, y sin saber cómo reaccionar y ante la cara perpleja de la muchacha que le acompañaba, le dijo con desdén:

-          Luego hablamos – y continuó la conversación con la chica de oscuros cabellos.

Ana se dio media vuelta e intentó desparecer por el recoveco más cercano. Era la primera vez que le rompían el corazón.

 

 

lunes, 8 de marzo de 2021

5. Lo rojo

 
    Desde el interior siempre se veía todo rojo. Daba igual que fuese de día o de noche, nublado o soleado, todo era rojo. Marián se pasaba muchas horas de su trabajo simplemente mirando a través del cristal. Había otros momentos que la cortina se cerraba y entonces el color rojo se atenuaba. Le tocaba seguir trabajando, pero de otra forma. Los clientes eran normalmente gente más mayor. Vejestorios salidos o maridos desencantados que acudían buscando sus servicios. 
 
    No había sido la forma de ganarse la vida en la que había pensado cuando emigró a Amsterdam. Tenía muchos sueños, como poder desarrollar la carrera de diseño gráfico que le había sido imposible hacer en España. Pero cuando las oportunidades fallaron fue a lo fácil. Varias amigas le habían comentado cómo sacarse un dinero extra. Rápido y sencillo. En principio era un par de veces por semana, pero fue ampliando.. 
 
    En poco menos de un año tenía una clientela fija y suficientes tablas como para no achicarse ante cualquier contratiempo. De ahí a un escaparate en el barrio rojo fue un paseo. Y así pasaban sus días. Se maquillaba bastante y usaba peluca para intentar no ser reconocida. Aunque siempre le temblaban las piernas cuando algún grupo de jóvenes que intuía compatriotas se acercaba a curiosear, temía que de repente pudiese ser alguien demasiado familiar. 
 
    Y esa tarde ocurrió. Un cliente se acercó y solicitó sus servicios. Se le sobresaltó el corazón al comprobar que era tan joven, de su edad tal vez. Mantuvo el tipo e intentó ser todo lo profesional que pudo. Finalmente no era nadie conocido, por lo que se relajó y eso le permitió comprobar que era muy guapo. No parecía muy hablador, así que ella se limitó a hacer lo que hacía con el resto de clientes. Sin embargo hubo un momento en el que él levantó la cabeza y le pidió que le mirase a los ojos, ella obedeció y se guió por sus movimientos. Antes de que se diese cuenta estaba encima de él dejándose llevar por el delirio del momento. Le estaba gustando, demasiado. Perdió la noción del tiempo, dónde estaba, y sucedió. Gritó. Le había ocurrido. Era la primera vez que tenía un orgasmo dentro de esa habitación.

lunes, 22 de febrero de 2021

4. Lo negro


 

El color negro le empezaba a incomodar. Habían sido dos años llevándolo y, aunque la mayoría de las viudas del pueblo lo vestían mucho más tiempo, a ella le incordiaba.

-         Buenos días Paquita, ¿cómo estás?

-         Pues bien, haciendo unas compras para la semana.

-         Bueno, ¿lo haces rápido? para una persona sola..

Siempre estaban detrás esas coletillas perversas. Pues sí, Paco se había marchado y ella seguía allí, y necesitaba comer, que porque no viviese su marido no se tenía que morir de hambre, digo yo.

Pensó en ir a misa esa misma tarde, estar en la iglesia la reconfortaba, sentía paz y sosiego allí. Pero cuando iba a salir de casa viendo el buen tiempo que hacía, se le ocurrió cambiarse las medias, las que llevaba eran muy tupidas, así que cogió unas más finas y se las puso. No era lo más indicado dada su circunstancia, pero lo hizo.

Cuando entró en la iglesia las miradas y los cuchicheos iban dirigidos a ella y a su atrevimiento – Menuda descarada – le pareció escuchar.

No le importó. Mientras había bajado la calle que iba a la iglesia sintió el ligero aire en sus piernas, una agradable sensación que anunciaba el fin del invierno.

Así que salió la primera cuando la ceremonia terminó, aprovechando para contonearse y exhibirse delante de todos esos ojos ávidos de morbo.

Cuando llegó a casa se quitó el pañuelo negro que le cubría la cabeza y contempló su pelo y su rostro. Se sentía viva, agitada. No tenía por qué ocultar el ansia que desde hacía tiempo le venía inquietando.

Cogió, no sin antes titubear, todos los atuendos negros que tenía e hizo un montón con ellos en el patio.

-         No puedo hacerlo – se decía a sí misma.

Pero en ese momento ya tenía en la mano la cerilla y la había dejado caer.

Paquita se quedó enajenada mientras las llamas quemaban todas y cada una de sus prendas.

A la mañana siguiente era la primera clienta en Modas Pili, vestida con un traje rojo fuego que era el único que le había quedado en el armario después del ardiente expolio.

 

 

 

 

lunes, 8 de febrero de 2021

3. El vestido de novia





   Las campanas repicaban con alegría. Era el ansiado día. No suyo, si no de María, su clienta. Llevaba varios años en el oficio y había visto desfilar por allí a infinidad de novias. Pero ninguna como ella. Destilaba frescura, espontaneidad. Coqueteaba sin pretenderlo con todo el que se cruzaba en su camino. A Clara enseguida le gustó.

Se puso rápidamente con su encargo y el resultado, como casi siempre, fue estupendo.

-     - Muchas gracias Clara – le dijo María mientras tocaba su mano en signo de agradecimiento, y Clara notó cómo la piel alrededor de su ombligo se erizaba, y sin darse cuenta su sonrisa se estaba alargando más de lo esperado.

-      - Es mi trabajo, no tienes porque darlas – intentó cortar su más que evidente embelesamiento.

       - Me gustaría que asistieras al enlace, por favor! Ya sé que no te gusta hacerlo, pero me encantaría. Además cómo ese día tienes que venir a darme los últimos retoques ¿nos acompañarías?

     - No prometo nada, pero cuenta conmigo para ayudarte a que el vestido quede perfecto – dijo cabizbaja pretendiendo ocultar su desilusión.

     Y allí estaba en el señalado día. No pudo rechazar la invitación ni reprimir los deseos de verla.

Así que después de terminar su trabajo y ver el cortejo nupcial salir de casa de la novia se dirigió a la iglesia. Entró como una furtiva, no quería que nadie la viese y se colocó en un sitio estratégico para observar sin ser observada.

No hubo nada que recriminar a la ceremonia, estaba siendo preciosa, hasta que llegó el momento clave.

Clara aún guardaba alguna esperanza de que finalmente todo se truncase.

El cura hizo la pregunta:

-         - Y tú María ¿Quieres a Carlos como legítimo esposo?

María de forma inesperada giró la cabeza y miró fijamente a Clara. ¿Fue una casualidad o sabía perfectamente dónde estaba ubicada?

Le iba a saltar el corazón, apretó los puños esperando el milagro. Pero María giró de nuevo su cabeza y respondió:

-          - Sí, quiero.

Mientras Clara empezó a notar cómo su cuerpo se convertía en un manantial de agua desintegrándose poco a poco, siendo el único nexo que la ató a la realidad quedarse absorta en el agujero negro que asomaba en la pared que tenía enfrente.

    

lunes, 25 de enero de 2021

2. La carta

 


“Querida Milagros:

 

Sé que no lo entenderás. Podría poner mil excusas como seguramente esté haciendo al escribir estas líneas.

Todo ha ocurrido porque quisimos los dos. Dimos el paso, te hice la pregunta y a ti se te iluminó el porvenir. Fuimos a hablar con el cura y a poner fecha a esta ilusión compartida.

Se te llenaba la boca al hablar de las flores que iba a haber, de la música que iba a sonar, de cómo te agarraría al hacer el baile nupcial.

Y ahora no puedo. No me quiero juzgar.

Simplemente no puedo hacerlo.

Todas las fantasías que ideamos se truncarán. No volveremos a ir juntos de la mano, no te volveré a acariciar.

Y a pesar de todo eso, no quiero continuar.

Pocas palabras quedan por decir.

Acabo de dilapidar a ese Javier en quien todo el mundo confiaba, la gente adoraba e incluso admiraba.

Querida Milagros, querida, querida..”

Y mientras dejaba la carta caer se quedó mirando el flamante vestido. Estático y preparado para una fiesta sin celebración. Ajeno a la sacudida que acababa de dar el mundo a su alrededor. Indiferente al instante permanecía insolente frente a ella poniéndola a prueba. Retándola a una partida de esas que de antemano se sabe de sobra ganada, presumido, arrogante..


lunes, 11 de enero de 2021

PROYECTO 365

 


Veintiséis relatos cortos quincenales*, un elemento conductor (palabra) que hila cada nuevo relato, el año que acaba de empezar para ponerlo en marcha, comienza “Proyecto 365”:


1. Salvando la frustración

Se miró al espejo y se sintió frustrada como muchos de los días que se levantaba.

Tenía en la garganta ese sabor que cuando se posa únicamente puede dejar la angustia. La angustia añeja y bien curada.

Demasiados años persiguiendo una quimera, pero solamente en su mente, porque los hechos, los hechos son otra cosa, verdad?

Soñando con qué hubiera pasado si hubiese tomado este camino en lugar del otro, si la suerte hubiese estado de su lado.

Pero la situación era la que era y tanto sus arrugas como la desesperanza campaban a sus anchas en su ánimo.

Sin embargo, al observarse de nuevo en el espejo pensó que tal vez la suerte no la había acompañado porque nunca la había elegido.

Con miles de excusas, pretextos y pérdidas de tiempo inútiles la había dejado escapar.

No obstante ese día no, ese día creyó que ya bastaba de escudarse en el ahora tal vez pero, si tuviese más tiempo, si las cosas hubiesen sido de otro modo...

Ese día no.

Y apartándose el pelo de la cara y después de un duelo de esos que sólo puedes tener con tu reflejo, escribió la carta que tantos años había estado memorizada en su cabeza y se dirigió a enviarla.