Las palabras se amontonaban delante
de ella. Llevaba toda la tarde estudiando, o intentándolo al menos, y estaba
siendo una pérdida de tiempo. En realidad estaba pendiente de otros asuntos.
Desde la ventana del colegio
mayor tenía una posición privilegiada. Era el más alto de todos los pisos y
estaba situado justo enfrente de la entrada al recinto. Por lo que podía observar
quién entraba y salía, las visitas al resto de estudiantes, quién iba
acompañado de quién.. Pero de quién estaba pendiente en ese momento, aunque no lo
quisiera reconocer, era de Juan. Después de haber rechazado su beso la última
noche que se habían visto, se había metiendo poco a poco en su cabeza.
- - Carla, a las ocho bajamos a cenar- la voz de la
habitación de al lado la aparto de sus pensamientos.
- Sí, estaré lista - le contestó.
Y sus reflexiones tropezaron con
otra cosa. Imaginó qué haría cuando terminase de estudiar, hacia dónde se
encaminarían sus pasos. Siempre había pensado en viajar. Vivir en otro país era
una de las opciones que contemplaba, aprender otro idioma, otra cultura, y
aventurarse en lo desconocido. O tal vez ponerse a trabajar, si encontraba algo
que se asemejase al trabajo de sus sueños.. podría ser otra opción, aunque ésta
infinitamente más utópica. O quizás un voluntariado, sí, conocer formas de vida muy
lejos de dónde ella se había criado…
Miró por la ventana y vio entrar
Carla, esa chica tan enigmática que tanta curiosidad le despertaba y, volviendo
la cabeza hacia los papeles, acabó dando por terminada la tarde de estudio, no
tenía sentido continuar.
Asomada de nuevo a la ventana de
su cuarto y con la brisa del atardecer rozándole el rostro supuso que sí, que
en ese mismo instante, probablemente, tenía el mundo a sus pies.