miércoles, 28 de julio de 2021

Oh summer!!!

 


En el aire perfume a cloro,

y con la espalda mojada

ganas de aventura,

y las chancletas quemadas.

Salgo a broncear el día

a cubrirme del sol en la cara

a chapotearte encima

a no acordarme de cuando anochece

a volver tarde a casa.


Ese tiempo donde eclosionan los bichos,

en el que no importa dejar cosas para mañana

ese espacio de quietud y sosiego

que te empuja a dar vueltas en la cama.

 

Y alegrarme de que haya vuelto ese paréntesis

que lo deja todo en calma

que da rienda suelta a la pereza

que te consiente dormir sin cerrar la ventana,

ese lapso para ir sin prisa

donde los grillos amanecen sin pijama.

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 15 de julio de 2021

13. Imaginación

 


-          Todo está en tu imaginación – era lo que le decía su padre cuando se ponía a quejarse de lo que había ocurrido la noche anterior.

Y cuando se quedaba solo en su habitación era lo que intentaba pensar con todas sus fuerzas. Había veces que lo conseguía contando los tic-tac de su despertador, pero otras veces venían a visitarle y entonces el sueño se torcía.

Habían visitado varios especialistas. Estrés, ansiedad, todavía no era un adulto y ya tenía más episodios traumáticos de los que le gustaría. Aún así intentaba comportarse como un niño “normal” cuando iba al colegio. Se le daba bien, no es que llegase a encajar del todo pero pasaba más o menos desapercibido, como mínimo lo suficiente para que no se metiesen con él.

Pero luego llegaba la noche y empezaba el calvario. “Es por mi maldita imaginación”, se decía, pensaba que esa era el motivo de sus múltiples problemas.

-          Hasta mañana – le dijo su padre – si quieres te dejo la luz encendida.

-          No papá – le salió la voz entrecortada, pero intentó mostrar entereza.

Cuando la última luz estuvo apagada y el silencio se apoderó de la casa él ya iba por el 300 tic-tac.

-          Trescientos uno- dijo para sí, pero el siguiente segundo no llegó a sonar.

Algo va mal, algo va mal, se dijo. Estaba cerrando los ojos con todas las fuerzas que podía, no los quería abrir. Pero la curiosidad era más fuerte que él, así que abrió un ojo y no vio nada raro, bien, uff, y lo volvió a cerrar. Algo dentro de sí le decía que lo abriera otra vez, no quería hacer caso, no quería, solo un poquito, y lo hizo.

La sombra estaba al lado de su despertador, no se movía, era oscura, colocada en el pico de la mesita permanecía inerte. Se iba a hacer pipí encima. Papá, levántate, se decía en su cabeza. El silencio continuaba reinando en el cuarto, intentó dejar de respirar. Hasta que no pudo más, soltó el aire y notó encima de su cabeza un roce.

Gritó, lo más fuerte que pudo, y salió corriendo a la habitación de sus padres.

-          Estaba allí papá, estaba allí.

-          ¿El qué?

-          La sombra papá, la sombra.

Sus padres se miraron con resignación.

-          Ya ha pasado todo, duerme hoy aquí y mañana ya veremos.

Los terrores nocturnos se repitieron durante toda su infancia. Odiaba imaginar cosas, percibir cosas donde nadie veía nada más.

Sin embargo un día todo cambió. Acababa de recibir una llamada, le iban a publicar su primera novela, de terror. Su agente insistió en que el nombre era muy importante, su carta de presentación, pero él prefirió no cambiarlo, utilizaría el suyo, le sonaba bien, Stephen King.


jueves, 24 de junio de 2021

12. Abuelo

 



Cuando lo recuerdo vienen un montón de momentos a mi mente. Los churros de domingo recién hechos que siempre nos traía en un trozo de cartón salpicados por la grasa. Aquella forma tan curiosa y ordenada que tenía de colocar las cosas, que llegaba a ser hasta un ritual.

Yo me quedaba embelesada mirándolo, podría haber sido eterno, nunca me cansaba de hacerlo.

También la manera tan dulce que tenía de darme un pellizco en la cara, para llamarme la atención, o simplemente chincharme.

Le gustaba silbar y lo hacía con tanta maestría que sonaba como un instrumento, esa entonación que me hacía saltar el alma e ir corriendo a buscarlo porque sabía que ya estaba entrando por la puerta.

Pero lo que más me gustaba era discutir con él, que eran más charlas que discusiones, de todo tipo de temas, de política, nos encantaba llevarnos la contraria, argumentar hasta la saciedad y quitarnos la palabra el uno al otro, para después filosofar, pero eso fue cuando yo era mocita y caíste en la cuenta de que la niña que fui no volvería.

Cuando me hablabas de la abuela, y me contabas cómo la habías conocido aquella tarde de domingo y que desde entonces no habías querido separarte de su lado, de lo feliz y sencilla que había sido la vida con ella, así lo veías tú.

Y desde entonces te echo de menos casi todos los domingos, cuando llueve, y no puedo oírte llegando a casa a visitarnos, entonando alguna cancioncilla con el aguinaldo debajo del brazo, esperando intercambiarlo por un beso rápido de interés para que lo soltases y yo dispusiera de veinte duros más para gastármelo con mis amigas.

Todo eso es lo que recuerdo y nunca pasó, porque no te llegué a conocer, sólo la vieja foto que guarda mamá en un portarretratos del mueble, y que viene acompañada de pequeñas anécdotas cuando sales a relucir en alguna conversación. Abuelo ausente pero siempre presente, te guardo con esmero en mi imaginación.

Dedicado a todos los abuelos que han estado y a los que han estado sin estar, y a los cuatro míos, que sí tuve la gran suerte de conocer, en especial.


jueves, 3 de junio de 2021

11. Pies

 


Sus pies tan esponjosos y pequeños, le despertaban ternura y le eran ajenos a la par. Cuando rozaban su piel la sensación era agradable, pero estaban unidos a un cuerpo con el que aún no se había familiarizado.

Nunca pensó en ser padre. El embarazo de Lola le había pillado por sorpresa y, ante la estupefacción y confusión, habían continuado adelante probablemente por inercia. La criatura recién llegada buscaba su mirada entre movimientos torpes y espasmódicos, tanteaba una conexión con su progenitor no correspondida.

La cosa no pareció mejorar con el tiempo. El bebé pasó a ser un hombrecito y, en lugar de forjarse lazos de afecto entre ellos, la indiferencia parecía ser la tónica de su relación.

No era que lo despreciase, simplemente no había germinado la unión que parecía lógica entre padre e hijo.

Lola lo notaba y no sabía darle explicación al suceso. Llegó a la conclusión de que su marido no tenía capacidad de amar. A pesar de ello siguieron comportándose como una familia, aunque en el fondo siempre había un poso de tibieza y desdén que empañaba la atmósfera.

El pequeño Tomás fue creciendo hasta convertirse en un adulto firme y constante. Se casó con María y tuvieron dos hijos. A María nunca llegó a hacerla feliz, y sus hijos, con el paso de los años, fueron dejando poco a poco de tener relación con Tomás. Tampoco oirían hablar jamás de su abuelo.

 

 


miércoles, 2 de junio de 2021

Bonito



Qué bonito recibir cumplidos

en este mundo tan loco y ajetreado

qué bonito que alguien se fije en otro,

y de repente sus palabras dibujen un elogio

una admiración, un halago.

 

Qué bonito recibir cumplidos

Y qué bien ha sonado

 

Que alguien te confiese

que le gustan tus manos

que ha visto en ti la dulzura

que algo le ha eclipsado.

 

Qué bonito que de repente

lo perciba alguien extraño.


jueves, 20 de mayo de 2021

10. Palabras

 



Las palabras se amontonaban delante de ella. Llevaba toda la tarde estudiando, o intentándolo al menos, y estaba siendo una pérdida de tiempo. En realidad estaba pendiente de otros asuntos.

Desde la ventana del colegio mayor tenía una posición privilegiada. Era el más alto de todos los pisos y estaba situado justo enfrente de la entrada al recinto. Por lo que podía observar quién entraba y salía, las visitas al resto de estudiantes, quién iba acompañado de quién.. Pero de quién estaba pendiente en ese momento, aunque no lo quisiera reconocer, era de Juan. Después de haber rechazado su beso la última noche que se habían visto, se había metiendo poco a poco en su cabeza.

-           - Carla, a las ocho bajamos a cenar- la voz de la habitación de al lado la aparto de sus pensamientos.

             - Sí, estaré lista - le contestó.

Y sus reflexiones tropezaron con otra cosa. Imaginó qué haría cuando terminase de estudiar, hacia dónde se encaminarían sus pasos. Siempre había pensado en viajar. Vivir en otro país era una de las opciones que contemplaba, aprender otro idioma, otra cultura, y aventurarse en lo desconocido. O tal vez ponerse a trabajar, si encontraba algo que se asemejase al trabajo de sus sueños.. podría ser otra opción, aunque ésta infinitamente más utópica. O quizás un voluntariado, sí, conocer formas de vida muy lejos de dónde ella se había criado…

Miró por la ventana y vio entrar Carla, esa chica tan enigmática que tanta curiosidad le despertaba y, volviendo la cabeza hacia los papeles, acabó dando por terminada la tarde de estudio, no tenía sentido continuar.

Asomada de nuevo a la ventana de su cuarto y con la brisa del atardecer rozándole el rostro supuso que sí, que en ese mismo instante, probablemente, tenía el mundo a sus pies.


jueves, 6 de mayo de 2021

9. Voz



                     


Apenas utilizaba su voz. Era una chica tímida desde pequeña, se limitaba a seguir los pasos de su madre y a imitarla en todo lo que hacía. Así que desde muy joven aprendió lo que era el trabajo duro en el campo.

En la plantación se levantaban muy temprano, a las 5 de la mañana ya estaban en pie y las jornadas se extendían hasta la puesta de sol. Leiza desarrolló un lenguaje muy básico. Eran una especie de sonidos guturales que le servían para comunicarse con los que tenía alrededor.

Una tarde, en la que el día se estaba haciendo demasiado largo el dueño la increpó directamente:

-          Tú, ¡mudita! presta más atención a lo que estás haciendo porque estás echando el algodón fuera del capazo.

Y empujándola la tiró al suelo. Era la primera que le había puesto la mano encima. Además del dolor de la caída sintió una furia que no había experimentado hasta ese momento. La rabia la invadía. Apretó la navajita que tenía en la mano y se incorporó. Su madre desde lejos estaba viendo sus intenciones. Pero en lugar de utilizarla Leiza abrió su boca y comenzó a cantar mirando fijamente los ojos del amo y sin titubear. Era una vieja canción de cuna que se tarareaba a los bebés en las barracas. Su madre la siguió, y el resto de trabajadores poco a poco y de forma sorprendente también lo hicieron. El patrono estupefacto e impotente ante la situación agachó la cabeza y se marchó oprimiendo los puños.

Desde ese momento y los momentos que siguieron a Leiza nunca le volvieron a faltar las palabras.