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Todo está en tu imaginación – era lo que le
decía su padre cuando se ponía a quejarse de lo que había ocurrido la noche
anterior.
Y cuando se quedaba solo en su
habitación era lo que intentaba pensar con todas sus fuerzas. Había veces que
lo conseguía contando los tic-tac de su despertador, pero otras veces venían a
visitarle y entonces el sueño se torcía.
Habían visitado varios
especialistas. Estrés, ansiedad, todavía no era un adulto y ya tenía más
episodios traumáticos de los que le gustaría. Aún así intentaba comportarse
como un niño “normal” cuando iba al colegio. Se le daba bien, no es que llegase
a encajar del todo pero pasaba más o menos desapercibido, como mínimo lo
suficiente para que no se metiesen con él.
Pero luego llegaba la noche y
empezaba el calvario. “Es por mi maldita imaginación”, se decía, pensaba que
esa era el motivo de sus múltiples problemas.
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Hasta mañana – le dijo su padre – si quieres te
dejo la luz encendida.
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No papá – le salió la voz entrecortada, pero
intentó mostrar entereza.
Cuando la última luz estuvo
apagada y el silencio se apoderó de la casa él ya iba por el 300 tic-tac.
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Trescientos uno- dijo para sí, pero el siguiente
segundo no llegó a sonar.
Algo va mal, algo va mal, se
dijo. Estaba cerrando los ojos con todas las fuerzas que podía, no los quería
abrir. Pero la curiosidad era más fuerte que él, así que abrió un ojo y no vio
nada raro, bien, uff, y lo volvió a cerrar. Algo dentro de sí le decía que lo
abriera otra vez, no quería hacer caso, no quería, solo un poquito, y lo
hizo.
La sombra estaba al lado de su
despertador, no se movía, era oscura, colocada en el pico de la mesita
permanecía inerte. Se iba a hacer pipí encima. Papá, levántate, se decía en su
cabeza. El silencio continuaba reinando en el cuarto, intentó dejar de
respirar. Hasta que no pudo más, soltó el aire y notó encima de su cabeza un
roce.
Gritó, lo más fuerte que pudo, y
salió corriendo a la habitación de sus padres.
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Estaba allí papá, estaba allí.
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¿El qué?
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La sombra papá, la sombra.
Sus padres se miraron con
resignación.
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Ya ha pasado todo, duerme hoy aquí y mañana ya
veremos.
Los terrores nocturnos se
repitieron durante toda su infancia. Odiaba imaginar cosas, percibir cosas
donde nadie veía nada más.
Sin embargo un día todo cambió.
Acababa de recibir una llamada, le iban a publicar su primera novela, de
terror. Su agente insistió en que el nombre era muy importante, su carta de
presentación, pero él prefirió no cambiarlo, utilizaría el suyo, le sonaba
bien, Stephen King.