sábado, 19 de marzo de 2016

Papá



Hoy iba paseando por General Martínez Campos y me he dado cuenta que me llevabas cogida del brazo. Ibas a mi lado, caminando.

Primero me sonreíste y después te pusiste a hablar como lo solías hacer, me hablaste de mamá y de lo feliz que fuiste a su lado, de lo fácil que te había hecho la vida, de lo que te había mimado. Y después hablaste de tus pequeños, de todos, de ese par de mocosas que llegaron sin “avisar” y que removieron nuestro mundo. De tu “Pepote" y de lo orgulloso que te sentiste el día que nació, era un chico, por fin, después de tanto buscarlo. De tu “cuarta” ese “ratón moreno” que al principio solo era pelo y que luego se fue transformando en la bella mujer que hoy es. De tu “segunda”, esa delgada muchachita con la que tanto te comprendías y con la que tenías mutua adoración. Y de tu "cabezorra”, la primera, de la guerra que te había dado y de las batidas que habías tenido que librar con ella..cuántos quebraderos de cabeza, verdad? pero creo que mereció la pena. Y del guarda, y de los Ruíces, de las esperas con el abuelo que más que un padre era un amigo. Y de D. Manuel, de D. Juan, de la Copa, y de todos los chicos a los que habías dado clase y de lo que te habían enseñado ellos a ti. De tus perros, como no. Esos a los que tanto cuidabas y de los que no pasaba un día sin que los visitaras, les dieras de comer y los limpiaras. De la casa de la abuela. Y de tu nianonano...

De los veranos en el chalé, de los cuentos de mamá bajo las estrellas. También te acordaste del día que íbamos en el coche los ocho y vimos a la Guardia Civil, paraste para que bajasen Pepe y Aristea, casi los perdemos en Socuéllamos, te acuerdas??….Y de los días en Ruidera, esas “vacaciones” que eran lo único que nos podíamos permitir pero que para mí era como un sueño poder pasar el día entero juntos, bañarnos en la laguna, los tupers, los cangrejos..

De los días de caza, con tus perros, con tu escopeta, en la llanura manchega teniendo todo el horizonte por delante, libre, salvaje..

Y así sin darme cuenta ya no estabas a mi lado, pero te he visto a lo lejos paseando, silbando cómo lo solías hacer, alegre y canturreando, perdiéndote y diciéndome adiós con el brazo, contándome que nos volveríamos a ver, y que seguiríamos charlando, con nuestras interminables conversaciones, que volveríamos a encontrarnos.


Felicidades Papá, te llevo en mi corazón guardado.